Rolando Pérez

Movements
I
I forget exactly what my reason was for going. Perhaps it was a certain discontent with the world. But in any case, I always knew that the trip would be a long one. The first few years were of course the most tortuous. I spent a great deal of time travelling alone on those desert roads, at times not seeing anyone along the way for several years. But then when I saw someone my speed was so great that I was only able to see the outline of their bodies. There were times when I felt very lonely and very weak, and I was tempted to turn back. For how much easier would it have been to turn aside, to go home to my town, my family, and my friends. Yet nowhere else did I feel more at home, more at peace with the world than on these desert roads. In some ways, I think, I began to internalize the landscape about me. In fact, after a certain point I could not even conceive of what it would be to like to remain still. It almost seemed as though the movement of my blood coincided with the movement of my vehicle. The difference, of course, was the fact that while my blood travelled in a circular manner, my trip took me to unexpected places, so that I never knew from day to day where I would end up next, or whether or not I would make it through another day.


II
I think it was at the end of my tenth year here that I finally came upon any kind of elevation in the terrain. Or to be more precise, at the end of my tenth year I came upon a mountain.
The mountain was the biggest I had ever seen, and it stood out like a Gothic tower in the middle of the desert. Unfortunately, though, I had to climb it if I wanted to continue my trip, so I applied full power to my vehicle, and with some struggle (after five years) I finally made it to the top.
It was here that I met with terror; for having reached the top, after so many years of climbing, I found myself among several thousand people who had climbed the mountain like myself. The problem was that for some reason or other, everyone I met seemed to have gone mad. And as I stepped out of my vehicle I was quickly surrounded by thousands upon thousands of these people—screaming and laughing hysterically. What kind of world had I discovered? I wondered. Why were they laughing? Were they laughing at me? What were all these people doing here? These questions went through my mind in a flash, and so I asked them to explain why they were laughing. Had they all gone insane? "I don't understand," I said, but the more I spoke the more they laughed. And then finally someone came forward and said: "You see, sir, the problem is that once you get up here, you can never go down again. The mountain is just too steep for that."


III
My first reaction was to disbelieve him, so I immediately ran to the edge of the mountain...only to find that just as the man had said, there was absolutely no way of going down again. But I had to continue my trip, I thought, I just had to. And in the midst of this horror, I screamed like no other man had screamed before—trying to wake up from my nightmare.

from The Odyssey (Saint James, NY: Brook House Press, 1990).

 

Movimientos
I
    Olvido exactamente la razón que tuve para marcharme. Quizá fuera un cierto descontento con el mundo. Pero en cualquier caso, siempre supe que el viaje iba a ser largo. Los primeros años fueron, por supuesto, los más tortuosos. Pasé mucho tiempo viajando solo por esos caminos del desierto, a veces sin ver a nadie durante varios años. Pero cuando veía a alguien, mi velocidad era tan grande que solo podía ver el perfil de sus cuerpos. Hubo momentos en los que me sentía muy solo y muy débil, y me tentaba regresar. Cuán más fácil hubiera sido volver a casa, con mi familia y amigos. Sin embargo, en ningún otro lugar me sentía más a gusto, más en paz con el mundo, que en esos caminos del desierto. De alguna manera, creo, empecé a interiorizar el paisaje que me rodeaba. De hecho, después de cierto momento, no podía ni siquiera imaginar lo que sería desear permanecer inmóvil. Casi parecía como si el movimiento de mi sangre coincidiera con el movimiento de mi vehículo. La diferencia, por supuesto, era el hecho de que mientras mi sangre corría de manera circular, mi viaje me llevaba a lugares inesperados, por lo que nunca sabía, día a día, a dónde iría a parar, o si conseguiría sobrevivir otra jornada.


II
    Creo que fue al final de mi décimo año aquí cuando, finalmente, me encontré con un tipo de elevación en el terreno. O para ser más precisos, al final de mi décimo año me encontré con una montaña. 
    La montaña era la más grande que había visto jamás, y se destacaba como una torre gótica en medio del desierto. Desafortunadamente, sin embargo, tenía que subirla si quería continuar mi viaje, así que puse mi vehículo a toda marcha, y con un poco de dificultad (después de cinco años) llegué finalmente a la cima.
    Aquí fue en donde me enfrenté con el terror; por haber llegado a la cima, después de tantos años de escalada, me encontré entre varios miles de personas que habían subido a la montaña como yo. El problema era que, por alguna razón u otra, todos parecían haberse vuelto locos. Y cuando salí de mi vehículo, rápidamente me vi rodeado de miles y miles de estas personas, gritando y riendo histéricamente. ¿Qué clase de mundo había descubierto? Me preguntaba. ¿Por qué se ríen? ¿Se estaban riendo de mí? ¿Qué estaba haciendo aquí toda esta gente? Estas preguntas pasaron por mi mente en un instante, y les pedí que me explicaran por qué se estaban riendo. ¿Se habían vuelto todos locos? "No entiendo", dije, pero cuanto más hablaba, más se reían. Y, finalmente, alguien se adelantó y dijo: "Mire, señor, el problema es que una vez que se llega aquí arriba, nunca se puede volver a bajar. La montaña es demasiado empinada para eso”.


III
    Mi primera reacción fue la de no creerle, así que de inmediato corrí hacia el borde de la montaña ... sólo para descubrir que, como el hombre había dicho, no había absolutamente ninguna manera de volver a bajar. Pero tenía que continuar mi viaje, pensé, tenía que hacerlo. Y en medio de este horror, grité como ningún otro hombre había gritado antes— intentando despertar de mi pesadilla.

Traducción por Nuria Morgado